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Arquitectura & Diseño

  • Foto del escritorMauro Cerino

Técnicas simples para generar transiciones espaciales con patrones de revestimiento de pisos


El cambio de orientación como transición

A veces la transición entre dos suelos de dos habitaciones distintas no se hace a base de tablones sino a base de un cambio de orientación del propio suelo.


Lo más común en estos casos es el cambio de orientación de los tablones a 90º (es decir, de longitudinal a transversal o viceversa).


A veces también se utiliza la diagonal, que puede quedar muy original.



Otra opción muy común es pasar de un suelo de espiga a otro recto, ya sea de forma directa (el cambio de orientación a la lama recta no lleva a su vez transición intermedia)



O de forma indirecta, en cuyo caso el cambio de orientación va precedido de una tabla en dirección contraria a la de la otra habitación.



Transiciones de suelos con incrustación

Una forma muy original, curiosa y atrevida de unir dos suelos es incrustando unos sobre otros.


En estos casos no hay una transición “recta” como en los anteriores, sino que un suelo se mezcla con otro sin que se pueda trazar una línea fija.


Este tipo de transiciones no se veían desde hace 10 años, por lo que es algo relativamente nuevo.


Lo más habitual es la unión entre lamas rectas y azulejo con formato hexagonal.


Aún así, cualquier otro azulejo de formato diferente al clásico cuadrado o rectangular vale, como los de ondas japonesas o los de forma más clásica.



De todos modos, la incrustación de suelos no pasa solamente con azulejos. También pueden combinarse entre sí o con otros materiales como el microcemento o el hormigón.



Transiciones parciales

A veces queremos marcar de forma distinta un suelo dentro de otro. Por ejemplo para crear “alfombras” de baldosa hidráulica dentro de un suelo de madera, o para combinar en un mismo baño dos azulejos distintos con el fin de marcar una zona concreta.


En estos casos, la idea es que la junta se vea lo menos posible, A veces se utiliza una fina tira metálica entre ambos suelos y en otras se escoge el azulejo o su combinación del mismo tamaño que el resto del suelo para que las juntas queden al ras con la terminación del otro.


Cuando la combinación es entre dos suelos de material porcelánico (dos azulejos distintos) la combinación es más fácil de ejecutar, ya que la simple lechada basta para realizar la junta.



Otras veces lo que se quiere es marcar un área curva dentro de un suelo recto, habitualmente para generar un “efecto entrada” en aquellas viviendas en las que uno entra directamente al salón o para que al entrar de la calle hagan las veces de felpudo y se deje la suciedad ahí antes de pisar la madera.


En estos casos la colocación es más complicada y suele requerir la instalación de una junta metálica moldeable que defina el contorno.


Transiciones de tres suelos

Aunque no es lo habitual, una forma de crear una transición entre dos suelos es utilizar un tercero distinto o un formato de colocación o color diferente a los otros dos.


De este modo, en lugar de tratar de disimular la junta, se ensalza como motivo decorativo.

Entre los materiales, todos los que se nos ocurran: mármoles, piedra, metal, madera…


La clave está en buscar algo completamente diferente a los otros dos pavimentos y buscar un color que contraste.


Transiciones creativas

Si en las transiciones anteriores se busca originalidad, también puede conseguirse sólo con dos suelos pero dispuestos de forma mezclada y contrastando con el color.




Falsas transiciones

A veces nos encontramos con un suelo que parece hecho de dos materiales distintos cuando en realidad es el mismo. Son efectos visuales que se buscan a propósito por distintos motivos.


El truco es muy sencillo: ¡pintarlos!


Escaleras y ribetes

Cuando tenemos una escalera en casa y un suelo de madera o asimilado, inevitablemente el sentido de la lama cambiará en algún momento.


En este sentido, ya sea un suelo en espiga o en línea recta, la única forma de realizar la transición es asumir el cambio de sentido (que puede quedar igualmente muy estético) y, o bien forrar la tabica del mismo material o dejarla en otro color (blanco habitualmente) para disimular el cambio.

Por otro lado, a veces la transición entre suelos o formatos la podemos hacer en el borde anexo a la pared. Esto es muy habitual cuando cambiamos rodapiés o cuando los radiadores han goteado y estropeado un suelo de madera y hay que cambiarlo.


En estos casos, funciona tanto un suelo distinto como el mismo suelo en recto separado con una junta.


En fin, como podrás comprobar, el que en una misma vivienda haya distintos suelos no debe verse como un drama, sino como algo que podemos utilizar a nuestro favor si las transiciones de suelos las elegimos de la forma adecuada. ¡La imaginación al poder!


 

Estos son todas nuestras recomendaciones sobre transiciones visuales en suelos.


Si te quedan dudas o necesitas un consejo para tu caso particular, podés comentar esta publicación o enviarme un mensaje por Instagram.

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